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martes, 24 de enero de 2012

FAMILIA BUSTOS SÁNCHEZ

ANTONIO BUSTOS GARCÍA

MARCELINA BUSTOS
JOSÉ RAMÓN JURA BANDERA
NUESTROS EMIGRANTES
¿Quién es José Ramón Bustos?
El benjamín de tres hermanos, fruto de Antonio y Cándida, nacido el veintiuno de enero de 1.946, en Cuevas del Campo (Granada). A veces sueño que soy aquel chaval que jugando al fútbol empleaba todos sus recursos físicos, para impedir que un balón llegase al fondo de su portería. ¿Qué más quisiera yo, quitarme un año de encima por cada gol encajado? ¡El soñar no cuesta nada y esos tiempos ya no vuelven!
Me gustaría decir, que soy un resucitado, ya que a la edad de siete años padecí la contagiosa enfermedad del tifus, pudiendo acabar con mi vida, pero gracias a un milagro como caído del cielo, hizo lo posible para que esté en este planeta y no en el otro mundo, aunque ya me habían confeccionado el atuendo de mi mortaja.
¿Dónde naciste?
En la casa donde en la actualidad vive y es propietario Francisco Martínez Pelegrín, más conocido por “Paco el de los Tomates”.
Y dicha casa se ubica en la plaza de San Isidro, que antes de ser plaza era una pequeña montaña de arena, piedras y tierra. Posteriormente, fue instalada la báscula donde el pesador pesaba las cosechas de remolachas a los agricultores.
¿Qué recuerdas de la escuela?
Sobre todo mi primer día de clase en la escuela de Don Antonio “Zaraba” que fue mi único maestro. Recuerdo que por mi timidez o complejo no pedí mi correspondiente permiso para subir a la loma y hacer mis urgentes necesidades, me aguanté todo lo que pude y mucho más, pero al finalizar la clase, salí disparado a la calle y me cagué a las patas abajo.
También quiero recordar aquellos sábados por la tarde, cuando quedaba a un lado toda la actividad escolar y nos contaba Don Antonio estas bonitas historias que a todos nos embobaba: David y el gigante Goliat, Don Quijote y Sancho Panza, y las Minas del Rey Salomón.
¡Ah! Se me olvidó decir, que por poco tiempo también fui alumno del “maestro cojo” cuando daba clases a domicilio. Y después de tanta escuela sólo obra en mi poder el certificado de estudios primarios.
¿Cómo se llamaban tus padres y a qué se dedicaban?
Mis padres eran Antonio Bustos García y Cándida Sánchez Cerrillo. En mi casa siempre hubo algún boliche o tienda, además de taberna y panadería, con las tareas de la casa y atendernos a nosotros, e incluso cuidar algunos animales, ya tenía bastante mi madre, pero no, ella se multiplicaba y atendía todo lo relacionado con la tienda y la panadería, y tan pronto la veías amasando, que cerniendo harina o despachando.


En la época que tuvimos la taberna, principalmente la atendía mi padre, y aunque él no era panadero, colaboró en el reparto del pan, a una buena clientela pero poco numerosa, y es por eso que disponía de tiempo para trabajar y cultivar la tierra del huerto que aún tenemos en Los Hoyos, y aprovecho la ocasión para decir que está en venta.
¿Cómo era tu padre y que recuerdas mejor de él?
Era una persona afable y dialogante que le apasionaba la lectura, recuerdo que en las charlas o tertulias siempre solía destacar sobre algunos contertulios, ya quisiera yo, tener la cultura que él tenía.
Siendo novio de mi madre, emigró a Perpiñán (Francia), donde sufrió un accidente laboral que le afectó gravemente a la cabeza, y de ahí le vino la sordera que padeció toda su vida hasta que falleció, el día doce de abril de 1.971.
Uno de mis recuerdos fue, cuando me llevó Guadix a comprar castañas, primero fuimos a Baza en el correo, y en un tren que le llamaban el borreguero, partimos rumbo a Guadix. Y allí disfruté de lo lindo, cuando por primera vez dormí en una posada, tomé chocolate con churros, utilicé la taza de un water, llovía y no había barro, una mujer fumaba y no se tragaba el humo, vi por lo menos a mil reclutas que estaban en una caja, y al Obispo no lo vi, porque se fue a la Alamedilla con el cura Pita.
¿Y de tu madre?
De mi madre quiero decir, y estoy completamente seguro, que si en aquellos años hubiesen concedido el premio a la mujer trabajadora, en más de una ocasión la hubieran galardonado con tan merecido premio, y alguien puede decir: ¿Quién alaba a la olla, sino el ollero?
¿Qué recuerdos y anécdotas tienes junto a ellos y sus amistades?
En una reunión de amigos en la que también participaba mi padre, entre otros temas, hablaban de literatura, y al referirse mi padre a un poeta universalmente conocido, uno de los amigos se puso en pie y le dijo en voz alta: ¡Cómo se enteren los civiles que hablas del maricón ese, te meten en la cárcel mañana mismo!
Cuéntame como se celebraban, en casa, las Navidades o cualquier fiesta entrañable.
Bueno, las Navidades, a parte de otras fiestas, solíamos celebrarlas en casa de mis abuelos, con la máxima y posible asistencia de familiares y con mi abuelo Tamayo a la cabeza como patriarca de la familia.
Y como tradición y costumbre de cada año, en la mesa no podía faltar el pavo o la pepitoria, los condimentados y sabrosos embutidos, el vino añejo de país, lo higos secos y nueces, las almendras y las pasas, los exquisitos dulces caseros, algunas copas de cualquier licor, los brindis en armonía, los cánticos de villancicos y otras coplas populares, como la raspa y el emigrante.
Y después de todo esto, a esperar con ilusión, un año como el que acaba y si es posible mejor.
Háblame de tus hermanos
A mi hermano, que también es otro amante de la lectura, no se le ocurrió otra cosa que venir al mundo en vísperas de la guerra civil, nació el día uno de mayo de 1.936, y se llama Andrés Bustos Sánchez. Después de cesar en la policía trabajó muchos años como empleado de banco en Barcelona, y posteriormente en Granada, hasta la edad de su jubilación, está casado y tiene dos hijos.
Mi hermana es Marcelina Bustos Sánchez, nació el veinticuatro de julio de 1.942. De mi hermana siempre he dicho que más que una hermana, es mi segunda madre, y no lo digo por la diferencia de edad, que en realidad es poca, sino por los hechos y los valores humanos que ella atesora, es ama de casa y madre de cinco hijos, que ya pasó lo suyo para sacarlos adelante con un solo sueldo que entraba en casa.
Sería injusto por mi parte, no decir que ellos dos, también aportaron su granito de arena a lo que era la tienda, taberna y panadería.
Cuéntame como era una matanza en vuestra casa.
Inexistente, a medias y al completo, me explico: para envidia de mis hermanos y la mía propia, la matanza inexistente era la que algunos años no se realizaba. La matanza a medias sí que era realidad, pero con la obligación de vender los jamones y paletillas para pagar la cebada u otros piensos que el cerdo consumió durante su engorde. Y la matanza al completo era la que se realizaba con todos los ingredientes, desde el rabo al hocico y del lomo a las pezuñas.
De las tres matanzas que antes hablé, lógicamente a mí me gustaba la última, porque después de almorzar las migas, y antes de cenar la olla, en una parva de ascuas se asaban ricas “chicharras”. Recuerdo que todos los primos y otros chiquillos que eran convidados, lo pasábamos bomba, cantando aquellas coplillas al son de un viejo mortero, al compás de almirez, y al vaivén del “mecendero”.
¿Y de la mili?
"A la mili me llamaron / como quien llama a un hambriento, / que un cabo me dio tres tortas / y galletas un sargento."
El periodo de instrucción lo realicé en el C.I.R. número ocho, Campamento de Rabasa (Alicante), donde permanecí ochenta y dos días hasta que juré bandera. Y en el mismo tren borreguero que me llevó a Guadix, me enviaron al Regimiento de Infantería, Mallorca número trece, Lorca (Murcia).
Era un Regimiento donde las actividades rutinarias se realizaban a diario, mañana y tarde, y la disciplina era tanta, que hasta el mulo que tiraba del carro de la basura marcaba el paso ligero lo mismo que un legionario.
Una tarde en la teórica, un suboficial tenía un cabreo de mil demonios, y a todos los allí presentes nos llamó antipatriotas, y es que el mencionado suboficial era el sargento España. Pero no todo en la mili me supo a negativo, sino que tuve la suerte de haber conocido a muchos amigos.
Y como dato anecdótico: paseando por los jardines del cuartel me acompañaba otro soldado de un reemplazo posterior al mío, y un cabo primero que vestía de paisano, me hizo saber que en la sala de visitas había una muchacha que estaba muy buena. Y la preciosa muchacha era la hermana del soldado que a mí me acompañaba, y natural y vecina de Cuevas de Campo.
¿Cómo y por qué marchásteis de Cuevas?
Por quiebra del negocio, y porque el horno ya no estaba para bollos, nunca mejor dicho. Primero marchó mi hermano Andrés a Murcia donde ingresó en la policía armada, ahora policía nacional y antes “los grises”. Mi hermana Marcelina marchó a Barcelona siendo bastante joven y con un puesto de trabajo asegurado, como dependienta en un estanco.
Y cuando yo cumplí con mí deber de servir a la patria, que ahora también la sirvo trabajando en una empresa de limpieza y seguridad, que dicho trabajo puede ser tan digno o más que otro, también vine a Barcelona como un emigrante más.
Y por último, al fallecer mi padre, es de suponer que mi madre se viniera con nosotros, y estuvo viviendo en casa de mi hermana, hasta el último día de su vida, que fue el diez de mayo de 1.994.
¿Cómo es hoy día José Ramón Bustos?
"Separado y sin compromiso, / que ya no tengo mujer / y tampoco tengo hijos. / Me casé por el juzgado / y así me luce el pelo, / que mi rebelde flequillo / no lo peino como quiero. / Y si me vuelvo a casar / quisiera que me bendigan / el cura y el sacristán, / pero no el juez de guardia / ni tampoco el de paz./"
"Creo que soy trabajador, / pero no el más currante, / mi salud es regular, / y vicios tengo bastantes. / Los mandamás me desprecian / a pesar de que me explotan / y el dinero no me quiere / aunque le haga la pelota./"

¿Qué te llevó a escribir o hacer poesía?
Además de vocación y sentirme entusiasta de grandes poetas que ya se fueron, o los quitaron de en medio, lo que me llevó a escribir poesía fue bastante casual y espontáneo. Almorzando en un bar con mis compañeros de trabajo, uno de ellos sacó de su bolsillo un papel escrito que le dio su abuela, y en dicho papel pude leer una preciosa poesía de Rafael de León, hice la correspondiente copia y después la memoricé para recitarla en reuniones familiares y de amigos, en bodas, y hasta incluso en verbenas.
A partir de ahí me hice esta pregunta: ¿Por qué si otros escriben no puedo escribir yo?, pero lo que más me motivó, y modestia aparte: en homenaje al escritor y poeta Miquel Martí i Pol fui convocado al premio de poesía LA FABRICA y obtuve el segundo premio con la poesía ya publicada en nuestra revista, AGONÍA EN EL TERCER MUNDO.
Y ya para terminar ¿quieres añadir alguna cosa más que no te haya preguntado?
Por supuesto que sí, / “y lo digo con fervor/ : diecisiete letras tengo / dentro de mi corazón, /que las leo y me dicen: / ¡Viva la segregación! “
JOSÉ RAMÓN Y SU EX-MUJER

ANDRÉS BUSTOS, SU HERMANO

JOSÉ RAMÓN, ANDRÉS "EL CULTO" Y HONORIO, SUS AMIGOS

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