EL AGUA ESTÁ DORMIDA EN EL MAR DEL NEGRATÍN

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lunes, 2 de noviembre de 2009

PEPITA BASTIDAS

PEPITA BASTIDAS

GRUPO DE JÓVENES 1964

Pepita Bastidas nació el trece de abril de 1951, en “La Posá de Puerta Real”. Me dice con orgullo. Un lugar muy emblemático de nuestro pueblo donde por suerte o desgracia, hoy mismo, sólo queda un gran montón de escombros, que seguramente esconden, entre el silencio de sus piedras, más de un trato, más de un sueño utópico, perdidos en el silencio de su entorno.

¡Qué sueños aquellos! ¡Qué feliz niñez vivida! Me he asomado con interés y respeto a ese montón de piedras y cañas viejas, buscando inútilmente la escalera.

“Me caí por ellas setecientas veces rulando”, me cuenta Pepita, con esa alegría y nostalgia infantil reflejada en su mirada. Después, continúa diciendo “...a los nueve años me subí a vivir a la Cañá San Isidro, dónde sólo había cuevas”.

Eran los míticos años sesenta, y hoy recuerda con cariño a sus amigos de la niñez “Maribel la de Amador, Elisa Pérez, Patro Mesas, Ramoncito y Vicente Molina” ...y ya de más mayores, “a Mª Carmen Mañas, Aurora la de Paz, Concha y Anica”.

¿Recuerdas un día cualquiera de un año de aquéllos? “Me levantaba y lo primero que hacía era ir a por un cántaro o un cubo de agua. El resto de la mañana bordaba mi ajuar hasta la hora de comer.”

¿Y una comida de aquéllas? le pregunto: “Empedrao con chorizo o bacalao, “el plato de los recortes” y fruta del tiempo, si es que la había”.

De las tardes recuerda que eran “más movidas”, continúa diciendo, “...las pasaba en la solana de Lola Hortal o en la mía y luego bordábamos. Cuando llegaba la hora del correo bajábamos en grupo: Carmen la de Mariquita Reche, Mª Carmen Mañas...” Después escuchaban, casi a diario, la mítica lectura de las cartas, en voz alta y una a una, por José Ramón el Cartero, mientras a su alrededor, había siempre un numeroso grupo de hombres y mujeres de casi todos los barrios. Era la única forma de leer más deprisa las misivas de los seres queridos.

“Alguna vez, si nos retrasábamos, nos la subía Mª Jesús la Lobica”. Terminaba la tarde, casi siempre, “...en la iglesia, con el rosario, la novena o las flores, según la época”, cosa que servía en aquellos tiempos para echar una canica al aire “...ver al novio o hablar con los amigos. Después un paseo por la famosa curva negra”.

Después de la cena “…salíamos a la era a contar chistes con Honorio, Lola, Bernardina, las Sofias o Matilde Rull.”

De la escuela nacional, a la que ella iba, como casi todas sus amigas, recuerda con cariño a sus maestras como si estuviera saliendo de una de las clases al recreo “Dª Lina, Dª Adela, Paqui, Teo... y jugábamos, me dice, al “Palmito” (pies y mano) y a “Las cinco chinas”” “Cuando fuimos un poco mayores, nos paseábamos con los niños a escondidas y nos compraban conguitos y chambis”.

Los domingos eran especiales, como si le diéramos alas al cuerpo. “Con el cuento de la misa, venía después el paseo oficial por la carretera y después el vermut junto a Elia y Manoli Martos, Mª Carmen Tamayo, Victoria y otras”. Mientras me cuenta todo esto, su cara se transforma, haciendo presente el pasado, como si todo hubiese sucedido esta mañana.

Por la tarde, el paseo por la carretera era un rito obligado que había necesariamente que hacer, antes de pasar el resto de la tarde en “Casa de Luis el Turronero, bailando o en la terraza, embriagados por la música de los SORIX”, conjunto musical del pueblo, que amenizaba aquellas largas tardes de invierno o verano (estaba formado y fueron sus fundadores: Manolo el Loco, Antonio Pérez -hoy en Australia,- Quiñones, Ramoncito Vico y Emilio Rull).

De las fiestas, ¿qué recuerdas con más cariño? Sin duda “San Isidro. Y comer habas con bacalao con mis amigas, algunas de las cuales ya desgraciadamente no viven.” Hace una pequeña pausa recordándolas y prosigue “...María Torregrosa, Mª Carmen la del Loco.”

“Las carreras de cintas en la Cañá, con caballos y yeguas, donde acudía todo el pueblo”. Es un recuerdo imborrable en aquellas tardes de San Isidro, donde los mozos del pueblo, hoy ya abuelos, algunos de ellos, ofrecían sus trofeos con orgullo de campeadores a sus amadas, casi siempre allí presentes.

Y del Carnaval, Pepita, ¿qué recuerdas? Con una sonrisa en la mirada me contesta con toda rapidez: “Siempre me vestía con mis amigas y familia; Antonia la del Moreno, Encarna la de Abelardo, Isabel Vallejo y mi madre, se vistieron un año con colchas y disfraces. Dieron una vuelta por el pueblo y no las conoció nadie”.

Los recuerdos se le van mezclando uno a uno sin crono, pero con una nitidez que parecen haber sucedido ayer mismo.

"Un día, me dice, fui a Baza a visitar a unos familiares con el coche de Camilo, le llamaba él mismo, el Rácano. ¿Qué cuánto se tardaba? No lo sé. Como aquéllo era para todo el día. Sólo recuerdo que daba unos saltos de miedo”.

Y como si de un aguinaldo se tratara, con los mil y un villancicos de aquellas noches heladas de Navidad, le pregunto finalmente: Pepita, ¿ponemos punto y final con un estribillo de entonces? “En el portal del tío Chingara hay un tío haciendo botas, se le escapó la almará y se pinchó las pelotas. Se lo cantábamos al Tala”, me dice mientras su rostro va perdiendo el reflejo del pasado...

Barcelona, en su casa 17 de abril de 1997

EL PASEO Y AL FONDO LA LOMA DE SAN ISIDRO

JOSÉ ANTONIO, FALLECIDO QUIÑONES, LOS SORIX

4 comentarios:

Soledad Sánchez M. dijo...

Siempre es muy agradable rescatar vivencias de la infancia, de nuestras raíces... de nuestra historia, al fin y al cabo.

Muy hermosas las imágenes.

Un beso.

Soledad.

izara dijo...

Hermosa manera de rescatar recuerdos que ya son historia,( de la buena,la que vale, por que ha tenido vida ).
Un gran saludo Antonio.

PROSERPINA dijo...

Me has traido inolvidables recuerdos, yo formaba parte del grupo, pero estaba más tiempo fuera del pueblo que en el. Pero a pesar de mi ausencia,pesa más los recuedos del pueblo que los de la capital.

Un abrazo.Proserpina

Francis dijo...

Muchas gracias, nos hemos llevado una grata sorpresa, al volver a ver la foto de mi marido tan guapo como siempre. Nuetros hijos, nietas y yo, su esposa, os agradecedemos de todo corazón este pequeño regalito, e intentaremos colaborar con vosotros todo lo posible. FELIZ AÑO A TODOS.