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lunes, 4 de febrero de 2013

ELOY MONTELLANO

El sol ha comenzado a perderse por el horizonte. Son los minutos anteriores al anochecer. El crepúsculo de los últimos días de invierno ha conseguido tornar el cielo de un precioso color anaranjado, anunciando, quizás, la tristeza del momento.
La gente, poca, camina callada y presurosa hacia un destino fijo: la iglesia del pueblo. Se respira por doquier un silencio de oración.
A los pocos minutos, a lo lejos, se oye tímida y rítmicamente un sonido de tambores y trompetas anunciando el paso del Santo Sepulcro. Es Viernes Santo en este pueblo granadino escondido en el alma de las lomas y cañadas que lo envuelven y protegen.

ELOY MONTELLANO (fallecido)

QUIOSCO DE ANDRÉS "EL BARBERO" EN EL PASEO

BANDA DE TAMBORES Y TROMPETAS

PUERTA REAL (1967)

Por primera vez oigo y veo un grupo de muchachos ordenados perfectamente en hileras, acompañando con su música al Santo Entierro. Es impresionante el momento.
Algún vecino intenta, torpemente, llevar el paso que marca el sonido de los tambores, sin conseguirlo. Veo a otros, emocionados, con los ojos húmedos. En mi memoria he buscado y solo encuentro dos Semanas Santas como ésta.
“Augusto y yo, conseguimos en Granada todos los instrumentos. Fuimos con Serapio en el taxi”, me dice Eloy Montellano; nacido en Benalua de Guadix allá por 1932, pero cueveño hasta la médula como el que más.
Por esas cosas de la vida y como a más de uno de nosotros nos ha pasado, quiso el destino sembrar el futuro de la familia Montellano en esta generosa tierra de Cuevas del Campo. Sus objetivos fueron siempre trabajar por el progreso del pueblo con los niños y los jóvenes.
“¿Por qué no hacemos una banda de tambores y trompetas?”. “Recuerdo muy bien los tres años que duró”, me dice con la nostalgia reflejada en su cara, pensando como todo se desvaneció un día de la misma forma que se pierde la niñez al llegar la juventud; “sin saber cómo ni por qué”.
“... Andrés Manuel Prieto, Francis el de Paco el de los tomates, Juan de Mata, Roberto de Onésimo, el hijo de José Mª Vilches, el del Basurero, el de Pecatoris, el de Juan José el de la Colonia, el de Manuel de Paula...” Repite y repite nombres como si los viera de nuevo desfilar; y siempre pensando en recuperar todo aquel conjunto de savia joven, haciendo realidad un sueño perdido.
De pronto su rostro se ilumina con una tímida sonrisa y me dice “Tenemos que recuperar la banda como sea. Aún tenemos los instrumentos”. ¡Claro que si!, le contesto contagiado por su empeño y entusiasmo.
¿Volvemos a tus años mozos, Eloy? Por unos instantes su mirada queda perdida en el vacío; inmediatamente me dice: “Llegué a Cuevas cuando tenía 22 años. Mi hermano -D. Francisco- era el cura del pueblo”. Después se detiene un instante y con esas ganas de hablar que siempre lleva consigo, predispone a compartir con cualquiera de nosotros sus recuerdos.
“A los tres meses de estar aquí me invitaron a una boda y allí, por esas cosas del destino, conocí a mi mujer”.
Eloy Montellano pone el mismo entusiasmo en todo lo que dice y hace. “Desde muy joven llevo el fútbol conmigo”. Cuando en aquellas épocas jugar al fútbol era algo “mal visto entre los vecinos”.
Más de un balón -¡con lo que escaseaban en aquellos años!- terminaba siempre en un corral próximo, con la consiguiente firmeza de alguna que otra vecina que se negaba a devolverlo al “agresor”. Pero a pesar de todo, nuestras viejas glorias hacían las delicias de aquella afición que día a día aumentaba para ver las diabluras que aquellos muchachos hacían con un balón entre los pies.
“Organicé un partido de fútbol con Orozco, Pepe Hortal, Arcadio, Ramón Vico, Santos Rull, Luis de Baltasar, Manolo y Pedro Los Talas, Pedrín el de la tía Amadora, Lalín ... yo jugaba y dirigía el equipo”, me dice reflejando en su rostro la presencia lejana de aquellos días, con una nitidez que me obliga a mi, también, a vivir aquellos momentos; unas veces corriendo detrás de un balón perdido junto a otros críos, allá a lo lejos, para que pudiesen seguir el partido lo antes posible; y otras, transportando los palos a hombros desde la carpintería del Moreno, que servirían de porterías.
“El primer partido lo jugamos con el Pozo”, me comenta con una precisión digna de elogio. “Se estaba haciendo, entonces, el pantano de la Bolera”. Hace una pausa y después prosigue: “Nos ganaban por dos a cero, pero en el segundo tiempo les metimos cuatro. Aquello nos hizo resucitar”. “Poco después, Pepe Martos se nos ofreció como presidente y Juan el de Loreto como secretario”. En este momento, hace casi sin querer un silencio respetuoso. No puede evitar un recuerdo cariñoso y emotivo a estos hombres ya desaparecidos. Lo leo en sus pupilas casi sin que él se dé cuenta.
¿Recuerdas alguna anécdota, Eloy? Sin darme tiempo a terminar, me mira, sonríe, y me dice: “El partido con Freila. El cura jugaba con ellos. Nos pidió dejarnos perder para que no se perdiera la afición, pero al final ganamos por uno a cero”.
Eloy es una de esas personas que almacenan en su memoria todos los momentos vividos en este querido pueblo y además los recuerda con un cariño y una nitidez que harían a más de un lector volver a vivir, por un instante, su juventud o su niñez como si se tratase de ayer mismo.
“Fui Presidente del APA durante doce años”. Recuerda y explica como “los alumnos de séptimo y de octavo de E.G.B. terminaban escribiendo, siempre, muy bien a máquina”.
La verdad es que Eloy siempre fue un hombre inquieto y preocupado por todos. De esas personas que hoy día escasean tanto. Siempre dispuesto a echar una mano. ¡Cuantas veces y en cuantos sitios!
Pero ahora su ilusión está en hacer realidad una utopía “recuperar la banda de trompetas y tambores”. Pone tanta ilusión en ello, que no tendremos más remedio que echarle una mano y ayudarle.
Mientras, la tarde se nos ha ido convirtiendo en noche y la noche en frío y lluvia, sin habernos dado cuenta. Sólo a lo lejos se oye tímidamente un último villancico “... ya vienen los Reyes ...”
Eloy se levanta. Se acerca un poco a la chimenea y antes de marcharse me dice: Si quieres, otro día te cuento más cosas que hoy voy con prisa”. Luego sale a la calle y se mezcla entre un grupo de niños que bajan alborotados y corriendo a ver la cabalgata de los Reyes Magos.
AUGUSTO RULL

EQUIPO DE FÚTBOL DE ELOY MONTELLANO

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