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sábado, 8 de octubre de 2011

NACER, VIVIR Y MORIR

Prácticamente es imposible apreciar el tiempo al mismo ritmo que transcurre. Percibir esta circunstancia no es fácil, y la verdad es que sólo muy de vez en cuando lo apreciamos, siendo entonces, como por sorpresa y a borbotones cuando nos percatamos de los efectos despiadados que ocasiona el transcurrir de la vida, dejando constancia de ello en todo cuanto nos rodea, incluso como es obvio en nosotros mismos. El reloj, como fiel monaguillo servidor de esa liturgia de la existencia, va marcando con el tilín de su inseparable campanilla los momentos importantes de esa carrera de aconteceres y que alguno de los cinco sentidos, siempre dispuestos a transmitirnos sensaciones nuevas o evocar las añejas conocidas, nos transportan a un pasado no muy lejano, pero entrañable casi siempre, ya que incluso las vivencias menos agradables se dulcifican un poco con el paso del tiempo. Lo cierto es que al evocar esos recuerdos nos topamos de frente con la realidad cruel y desnuda de la existencia en la que nacer, vivir y morir son los tres únicos verbos que sabe conjugar.

FRANCISCO MARTÍNEZ CRUZ 

JUNTO A LA BOTICA DE Dª JULIA CON JULITA Y JOSEFINA
PACO Y MARILOLA, AÑOS SESENTA
No todo lo que nos rodea de forma coetánea tiene su "reloj biológico" sincronizado con el nuestro, afortunadamente diría yo, pero lo cierto es que la reflexión muchas veces involuntaria y por tanto inoportuna a veces, nos conducen a vivencias de otros tiempos pasados, adornadas con esa aureola que impregnan los recuerdos, quizá por la certeza de que no se volverán a repetir, ya que parte del elenco de actores que interpretaban la obra nos dejaron cuando la existencia conjugó su tercer y fatídico verbo.
El pasado mes de abril, por razones particulares y después de muchos años de ausencia, he tenido la ocasión de pasar en Cuevas del Campo un mes de forma ininterrumpida, (aunque durante mi ausencia, siempre, y aunque haya sido de manera testimonial, todos los años he venido a fichar como se dice en los ambientes profesionales, cuando pasa uno por delante del controlador de presencias e introduce la tarjeta para validarla). Un día, estando en mi casa, disfrutando en la mañana del renacer primaveral de los árboles del paseo y del bullido del despertar de los gorriones, sus más aguerridos e inseparables huéspedes de toda la vida, se oyó un tremendo estruendo, o a mí me lo pareció así al estar absorto por la paz y el sosiego espiritual que proporcionan los recuerdos y vivencias de otros tiempos, y al preguntar por el origen de tanto ruido, me dijeron y pude comprobar yo mismo el motivo: estaban derribando el edificio de la antigua Botica, la de toda la vida. Era la espoleta que haga estallar por los aires los recuerdos acumulados durante el segundo verbo de la conjugación de mi existencia y centrarlos en ese mismo lugar. Por un momento me vi transportado a mi niñez y al retroceder no pude evitar el topar con el recuerdo agradable de aquella pareja tan entrañable como peculiar que era la que formaban Don Vicente y Doña Julia.
"Recuerdo de manera muy emotiva cuando mi madre me mandaba a comprar "ZZ" para las moscas a la Botica, (no nos olvidemos que la familia de los dípteros por estas latitudes, en cuanto se percataban de la proximidad de los calores del verano eran de los más fieles y perseverantes
acompañantes en siestas y atardeceres, siendo en estos menesteres cuando la mayoría de nosotros pusimos en práctica la aplicación de la química), y Don Vicente me decía haciéndome rabiar y contestando a mi solicitud: "coges la mosca, ábrele el bóquilis, échale el polvilis y dípteris mortis", son de aquellas cosas sin más importancia, intrascendentes a todas luces, pero que quizá por el momento en que se dicen o quizá por la simpatía con que se dicen, se van quedando grabadas a lo largo de la vida, jalonando la existencia y marcando las distintas etapas de manera indeleble.
Eran otros tiempos, y la Botica sin lugar a dudas era una institución que nos proporcionaba alivio, además de ser el lugar en donde se elaboraban fórmulas magistrales y se dispensaban específicos con remedios contra casi todos los males conocidos. Más tarde sirvió para damos a conocer y ponernos en contacto con productos de consumo puro y duro como se dice hoy, por lo menos a la gente que nacimos en el pueblo, y cuando comprar un "Danone" conllevaba dos viajes a la farmacia, uno para encargarlo y otro para recogerlo al día siguiente cuando llegase el correo, si las inclemencias del tiempo no lo impedían. Seguramente que los más jóvenes esto les sonará raro, pero no es un error, no, los yogures no hace mucho tiempo se compraban en la farmacia y sólo conocíamos los naturales en tarros de cristal y con devolución de envase fregado. También por aquel entonces sin saberlo, éramos víctimas de la publicidad y casi todos creíamos que yogurt y Danone era el mismo producto.
Con toda seguridad que la vida y todo cuanto le rodea se tiene que ir renovando, se va renovando como una pradera con el rayo, son las reglas de la evolución y la vida misma en sí no es sino una continua carrera de relevos con la meta no se sabe muy bien dónde (o al menos a mí me lo parece), pero el momento previo a la renovación suele ser la muerte que es el tercer y último verbo que conjuga el hecho real de la existencia, y esto cuando menos, provoca una reflexión (o al menos a mí me lo parece).
Francisco Martínez Cruz
Fallecido en Vilafortuny, Cambrils, (Tarragona), el dos de noviembre de 2.006

PUERTA REAL, DESDE LA MEDIA LUNA

PUERTA REAL 1964

OTRA VISTA DESDE LA CARRETERA

LOS JÓVENES DE LOS SESENTA
A Dª JULIA  Y D.VICENTE CON TODO 
MI CARIÑO Y RECUERDO

DON VICENTE

2 comentarios:

Álvaro dijo...

Interesante entrada. Saludos.

Kathy dijo...

Tu post me ha dado nostalgia de recordar esos lugares que quedan en la memoria.
Siempre me preguntaba en que lugar de España se encontraba Cuevas del Campo, ahora ya lo sé. Tiene semejanzas a algunas regiones de mi tierra donde también se plantan olivos y se disfruta de la tranquilidad que hace tan bien al alma. Todo se renueva, la muerte da paso a la renovación. Un abrazo y una buena semana.