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viernes, 18 de octubre de 2013

"DUÉRMETE, NIÑO DE MI ALMA" (ANTONIO VÍCTOR MARTÍNEZ CRUZ)

Añorada Berta ¿No te gustaría volar como un águila cruzando libre los cielos cueveños -cada vez más alto- hasta dar alcance a nuestros sueños?
También yo quisiera hacerlo por las cimas de la lírica, donde mi alma se explayara con la belleza añorada y convertirme en una paloma blanca, en un cóndor de oro o cantar a todas horas…
Te invito a leer este poema que nace de mis adentros; escucha silenciosa mi canción preñada de estrellas en una noche eternamente serena.
Cuando desgrano -uno a uno- mis versos, me parecen pétalos de las flores de nuestra buganvilla, preñados de gotas -casi invisibles- del rocío de la aurora recién nacida que parecen que lloran y gimen con lágrimas de plata desbordándose por sus finos tallos.

PORTADA DEL LIBRO

ESTRELLAS A CIENTOS

Estrellas, estrellas a cientos
descienden bajo mi cielo
a través de mi pensamiento.
¿O he subido yo a ellas?

¡Qué brillos color violeta,
tesoros de mi alma¡

¡Luces siempre eternas!
¿Quiénes sino sois vosotras
para calmar mi sed de ahora?


Las siguientes estrofas son también recuerdos lejanos de mi tierna infancia, retazos o pinceladas tristes -llenos de añoranza- de cuando contemplaba cómo se morían mis flores multicolores y silvestres -que yo tenía escogidas como mías en el campo- sin poder hacer nada, cuando llegaba sin avisar el invierno.  Pronto languidecían, se ponían mustias hasta caer sus cabezas dobladas en el suelo de mi prado, al soplar el intenso frío helado sin que yo pudiese hacer nada por devolverles la vida.
A veces pasaba mucho tiempo mirándolas, extasiado, sin entender nada, ni cómo ni por qué, hasta que escuchaba desde la lejanía la inolvidable voz de mi abuelo que gritaba sin cesar: ¡Víctor… Víctor… vamos, que el día se nos está acabando y llegaremos tarde a casa…!

LAS FLORES DE MI PRADO

Las flores del prado frío
duermen con escarcha blanca,
y por sus cálices de plata
se deslizan gotas de rocío.

Flores de agua de cristal
con brillos de Luna vieja,
centellean de luz celestial.
al pasar junto a la noguera

¡Ay, flores del prado mío
que os morid de sutil belleza!
hechizando mi alma de frío
con vuestra linda sutileza.

Y para terminar hoy, Berta, mi última estrofa es también para ti. Tengo todavía más poemas pero tendrán que esperar su turno, mientras reposan cuidados por las ánades y ninfas del Negratín. Así no perderán su esencia candorosa y su fresca lozanía.
Este poema me acerca, también, a mi lejana y tierna infancia, me invita al descanso, al sueño plácido, al amor maternal, a la ternura...
Yo me dejo acunar -casi sin darme cuenta- con su canción, mientras en el silencio profundo y misterioso de esta noche, evoco esta preciosa melodía que susurraba mi madre con ternura deliciosa en mis oídos, cada noche de mi infancia…

Duerme, niño de mi alma,
duérmete con tus ángeles,
y verás en la ventana
la rosa de tus afanes.

Adiós, mi querida Berta, tengo tu foto frente a mí y no ceso de mirarla. Ojalá muy pronto estés a mi lado para siempre. Un beso.


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